5.7.06

El veneno del ABC


Leo en el ABC un articulillo venenoso, propio del neo-nacional-catolicismo pepero más burdo, tendencioso y babeante. Se titula Valencia ya no es apóstata. Aquí está:
La llegada del Papa Benedicto XVI a Valencia ha puesto sobre el tapete sociopolítico varias cuestiones de indudable interés. La primera, y fundamental, radica en que la sociedad civil, en su mayoría más inmensa e intensa, se ha volcado en transformar la ciudad del Turia (hoy seco, junto con los demás cauces de nuestros ríos, gracias a la Ministra Narbona) en una marea de amarillo y blanco difícilmente irrepetible.

Marea que marea al Presidente de Gobierno porque sabe que la foto de la jornada (en todos los diarios menos en «El País») será la actitud genuflexa del Primer Ministro Español ante el Guía Espiritual de Roma. Zapatero se lo pensará dos veces antes de autorizar su publicación.

Con ello conseguiremos que, al menos, el corazón de Zapatero se vea dividido entre la obediencia a ETA y la obediencia al Papa. Entre dos amores: el terrorismo y su suegra. Zapatero entre el bien y el mal, entre el terror y el amor. ¡Casi nada!

Otra cuestión, no baladí, además de ver a la suegra de José Luis Rodríguez Zapatero con su hija y sus nietas acompañadas del cabeza de familia (una familia común y natural, no las que celebraron el nacimiento del arco iris) es constatar que la apostasía -en la ciudad de Valencia- es mera anécdota que no merece ni el artículo que redacto.


Mil quinientas instancias, según los colectivos irritados por la presencia del Santo Padre, han pasado por la sede Arzobispal para que se les dé de baja del censo de cristianos en activo (según el director Pedro Almodóvar y su particular ábaco de contar serían varios millones) que no se corresponden con las docenas de triángulos rojos escondidos entre las miles de banderas que, celebrando el acontecimiento eclesial, hemos colocado los vecinos de buena voluntad.

Ya sabemos que, a partir de ahora, los mil quinientos carecen de legitimidad alguna para inmiscuirse en temas de nuestra Iglesia. Y, a partir de ahora, coherencia. Trasladar nuestras manifestaciones, así como nuestras creencias y nuestra Fe, a la vida política: votando únicamente a quienes nos garanticen la libertad religiosa. José Luis Rodríguez Zapatero no lo hace.


Analizo, no sin indignación.

Excelente y comprometido argumento inicial el de presentar una imagen tan falsa de la sociedad valenciana, puesto que la mayoría que menciona no es la de los balcones engalanados ni la de los devotos de la geperudeta, sino la de una población silenciosa que aguanta como puede esta invasión de fieles.

Los que sí se ha volcado en transformar la ciudad son, por descontado, los políticos que manejan nuestra economía y nuestras vidas. Los mismos, precisamente, que se han gastando ya lo que ha hecho falta en recibir al sumo teócrata del Vaticano y en promocionar el modelo de familia aria y afín a sus intereses, pero que ahorraron cuanto pudieron en la necesaria mejora de ciertas estructuras de transporte de escaso rendimiento. Lo que ha servido, de paso, para elevar algunas almas al imaginario cielo predicado por nuestros obispos.

¿Obediencia a ETA u obediencia al Papa? La disyuntiva es falsa. El Papa sabe bien lo que es el terrorismo, ya que su Iglesia lo ha practicado desde hace siglos. Santas Cruzadas, Inquisiciones, penitencias, condenas, prohibiciones, Concordatos con estados fascistas, protección a criminales de guerra, nacional-catolicismos varios, amores ocultos y beatificación de santos varones... En cuanto a ETA, ¿nadie ha pensado nunca en que el substrato moral que sostiene a los terroristas depende, siempre, de un subsuelo religioso, que convierte al asesino ideológico en mártir de su causa? Lo vemos también claramente en esos otros teócratas enloquecidos por las recompensas beatíficas de la yihad. Sí, definitivamente, la disyuntiva es falaz. Como esa insistencia tan discriminatoria y tan propia de estos católicos, que todo lo clasifican en los términos del bien y del mal.

Y Valencia, por supuesto, no es apóstata. La sociedad valenciana habita en un marco de convivencia, basado en el respeto y en la tolerancia. Al menos, buena parte de ella. Por eso, la decisión libre que algunos ciudadanos adoptamos el pasado día 24 frente al Arzobispado sirvió para acelerar un proceso fundamental en toda sociedad madura: el laicismo, es decir, una ética civil independiente de cualquier confesión o ideología religiosa. Un sistema de valores que garantice la libertad de pensamiento y el pluralismo.

De acuerdo, fuimos pocos los apóstatas, algo más de mil quinientos. Que en efecto no se corresponden con unas pocas docenas de triángulos rojos (exactamente, seis mil quinientos). Por eso quizá todavía pueda el señor obispo ser arrogante y contestar con un NO rotundo, pío, condenatorio, aunque sepa íntimamente que el derecho y la razón están de nuestra parte. Por eso, también, se nos quiere robar la legitimidad y, de paso, hacer campaña por el PP, abominar del proceso de paz recién comenzado y exaltar el sentimiento totalitario de lo más granado del catolicismo moderno. Así vamos. Así van.

Parecería que la familia que nos vende el EMF es en realidad la de don Vito Corleone. Que, por supuesto, no celebraba el arco iris...

19.6.06

A los cristianos "de base"

Creo que fue el bueno de Bloch, en su "Principio esperanza", quien afirmó que sólo un buen cristiano podía ser ateo. Lo cierto es que no acabo de comprender las causas por las que alguien razonable puede, todavía, decirse cristiano, y mucho menos católico. Sobre todo, porque ello implica hacer caso omiso de la historia, justificar lo injustificable, resignarse a la caricatura de una Ecclesia que nunca fue lo que dijo ser y que siempre ha sido lo contrario de lo que creía ser...

¿Puede admitir todavía, un occidental moderno, todo el cúmulo de fantasías teológicas que nuestros antepasados inventaron siglo tras siglo y que han convertido en dogma de fe? ¿Qué ha pasado con la razón ilustrada? ¿Qué es el "cristianismo", si lo desgajamos de la ficción de su sobrenaturaleza? Pienso que, después del estallido existencialista de Bultmann, la teología cristiana no puede lógicamente más que redondear su periplo y negarse radicalmente a sí misma. Es decir, negar su objeto.

Queda entonces ese "ateísmo cristiano" que ya no quiere volar por las eternidades y las bienaventuranzas cósmicas, sino involucrarse en la objetividad de lo real, en la humanidad más indefensa frente al poder... Pero, entonces, lo que surge ya no es teología -Dios es la proyección del corazón humano, pensaba Feuerbach-, ni religión, sino crítica social, esperanza y fraternidad. ¿Por qué llamar aún a esto "cristianismo"?

Si lo que se pretende es descubrir el secreto del amor a través de una figura plenamente humana, ¿por qué ignorar la exégesis paleográfica, que acaba por no disponer de pruebas determinantes acerca de la existencia real de un personaje que tan bien encaja en el marco del profetismo judío y de su exigencia de liberación nacional? ¿por qué no abandonar definitivamente la teología para adentrarse en una antropología todavía poco explorada?

El problema de los textos es fundamental... Los relatos evangélicos son muy posteriores a los hechos que cuentan, y además éstos deben entenderse, con todas sus contradicciones, como leyendas de fe, es decir, como historias edificantes, destinadas a un público ansioso de soteriologías, en una época de transición. Es cierto que el análisis científico de los mismos desvela una radicalidad en términos de lucha contra la "dominación", pero ya Pablo se ocupó de imponer sus neurosis en las primeras comunidades de gentiles. El tema es complejo, aunque puede resumirse en que, no siendo en absoluto comprobables los supuestos cimientos históricos del cristianismo, lo que queda, tras veinte siglos de pura política totalitaria por parte de la Iglesia católica, es necesariamente mucha fuerza de voluntad para fijarse a una tradición religiosa a causa de un deseo intenso, humano y natural de libertad y de plenitud existencial.

En serio, que no entiendo a algunos "cristianos"... la "fe" que dicen -o decís- mantener no precisa ni de figuras históricas ni de padres celestiales. Podría explicarse neurológicamente, opino, y adherirse a otro objeto, mucho más inmediato y terreno, es decir, a la vida. Ya no responde a la tradición teológica cristiana, pero quiere recuperar las corrientes más marginales de la misma, las reinterpreta, elimina la pulsión negativa subyacente y pretende "redescubrir" un hipotético sentido original, un "evangelismo" más o menos imaginativo, más o menos dependiente de la -vuestra- imagen que cada uno se ha formado del mismo.

Comprensiblemente, aparece en los cristianos más comprometidos socialmente la tendencia a revalorizar las fuentes judías, y también a recoger la herencia de algunos movimientos contestatarios medievales, desde los Hermanos del Libre Espíritu hasta las beguinas, desde las comunidades monásticas hasta los apofáticos alemanes... Se siente la exigencia de una vida en común, de una valoración crítica de la asamblea cristiana, se niega la dirección de la jerarquía y se refuerza la idea de "experiencia", es decir, la necesidad de la práctica solidaria, la compasión y el respeto.

Pero, entonces, ¿para qué seguir llamándose cristiano? ¿en que creen ahora los cristianos? ¿por qué no ser coherentes y dar un paso más allá?

A veces, pienso que no hay más que un residual sentido de la fidelidad que provoca cierta seguridad personal.

No tiene ya mucho sentido el que defendamos y neguemos tal o cual detalle de la afirmación de la fe, o tal o cual demostración de la hipótesis "Jesús de Nazareth". Entiendo que, aunque pudiera ser demostrada con absoluta fiabilidad la inexistencia histórica de ese señor, el cristianismo podría seguir siendo un movimiento religioso. Tan sólo harían falta unas cuantas adaptaciones. El tema del Jesús histórico es muy conocido y ya se ha debatido miles de veces. No creo que valga la pena insistir; los datos existentes dan lugar a distintas interpretaciones. Pero lo que parece ser admitido por todas las partes es que la investigación descubre una curva ideológica en el fenómeno cristiano, desde sus raíces en el judaísmo tardío hasta la síntesis paulina dirigida a los gentiles.

Durante este proceso, un movimiento mesiánico de liberación nacional adquirió los rasgos de una religión universal de salvación, y los contenidos concretos, políticos, "terrenales" del mismo se transubstancializaron, recurriendo al depósito de imaginerías celestiales que se tiene a mano.

Es decir, se acudió al imaginario simbólico colectivo y se personificó a un "rey" salvador, de rasgos davídicos, pero heredero también de otras fuentes muy eclécticas: nacimiento virginal y maravilloso durante el solsticio de invierno, acciones ejemplares, enfrentamiento con el "mal", restitución de valores espirituales aparentemente perdidos u olvidados, capacidad teúrgica para obrar milagros, muerte dramática y posterior resurrección, ascenso a los cielos, etc... Parece claro que el proceso de helenización llevado a cabo por Pablo no es del todo inocente. De una ideología revolucionaria se llegó a una ideología conservadora. Y este tránsito se dio antes de que finalizase el siglo I.

Posteriormente, la exégesis tomista elaboró un sistema adecuado al mundo feudal, que se sostuvo sin muchas fisuras hasta el siglo XIX. Y mucho más tarde la teología se moderniza, recogiendo el aporte de una multitud de corrientes de pensamiento: el feminismo, el pluralismo, el existencialismo, el marxismo, lo que da lugar a la renovación teológica y religiosa del siglo XX.

Mi conclusión personal es que el cristianismo se apoya fundamentalmente en el sentimiento, aunque integra a éste en una estructura teológica mítica. Dejando a un lado incluso la obviedad de su carácter conformista, que deriva de su papel sostenedor de las estructuras socioeconómicas establecidas, la Iglesia actúa como un catalizador de contenidos internos. Toda religión recoge y asimila una aspiración humana a la trascendencia, y sus rasgos formales dependen de circunstancias históricas y geográficas. La pretensión de verdad es inherente a la formulación religiosa. En los días en que prevaleció el doctrinarismo, esta verdad era transmitida a las masas desde la jerarquía; pero en la actualidad se acepta, por lo general, que la "verdad" aparezca en forma de experiencia personal, de "descubrimiento" propio de la fe.

En ambos casos, el factor determinante es la certeza, la identificación y la integración en un modelo al que se supone cargado de realidad. Ajeno voluntariamente o no a una regulación normativa, cada cristiano reclama para sí el derecho a vivir y comprender el cristianismo como le parezca. De ahí la pluralidad de las perspectivas teológicas existentes.

Cierto es que para muchos tal perspectiva es atractiva; como razón para ser creyente se aducen inclinaciones naturales por dilucidar el carácter oscuro e inobjetivable de la existencia. Claro que también ésta es una buena razón para ser ateo...

La creencia, al fin y al cabo, siempre implica un claudicar, un regocijo interno, un convencimiento que no puede ser objetivado. A menudo un consuelo, una respuesta, un ancla. Lo que aporta un sentido a la existencia, lo que otorga importancia a vuestros actos, y os sitúa en una relación personal con la esencia de lo inexplicable, es eso: la fe. El hombre cree, pues siente vértigo.

Otros bichos igualmente humanos prescindimos de esa fe, pues nos produce aún más vértigo. Entre los coloridos desfiles de arcángeles y otras bestias aladas del Dionisio Areopagita, la hermenéutica de Schillebeeckx o la teonomía de Tillich, no veo mucha diferencia. En su base está la hipnótica atracción por el abismo de lo siempre desconocido, y la necesidad de racionalizarlo y de buscar explicaciones...

Jo no t'espere

El hecho de que habitemos en una sociedad compleja implica la coexistencia de una gran pluralidad de posiciones y de puntos de vista. Cualquiera de ellos, sin excepción, tiene derecho a exponer de forma pacífica y democrática las razones y las respuestas que considere necesarias.

Los ateos afirmamos la irrealidad de las causas trascendentes y sobrenaturales. Esto desborda el marco de una postura filosófica, y sitúa a la racionalidad en la base de la convivencia social. Esta exigencia de objetividad, en ausencia de referencias teológicas, forma parte de nuestra manera de ver el mundo. Un mundo en el que las mujeres y los hombres dan un sentido a su vida independientemente de cualquier fe y de cualquier credo.

Los representantes religiosos, por su parte, están empeñados en mantener con pureza la concepción del mundo que promueven, y reclaman también para ellos derechos fundamentales, apelando a la tolerancia y a las libertades civiles.

Pero pensamos que en un sistema democrático el laicismo es un principio innegociable, y asumimos que el poder público ha de velar por la protección de la conciencia libre de los individuos, ante las pretensiones de instaurar o de mantener regímenes normativos derivados de una determinada fe religiosa. La sociedad como tal no debe tener religión. El Estado ha de mantenerse siempre neutral con respecto a las creencias y las opciones personales de la ciudadanía.

Hay un debate que permanecía larvado en España desde 1978. El debate entre un Estado laico y aconfesional y las exigencias de una Iglesia que quiere seguir siendo poder fáctico. La polémica, en el fondo, no afecta sólo a la relación Iglesia-Estado, sino también, y sobre todo, al espacio de las libertades y de la autonomía personal.

Aunque el argumento religioso recula ante los comprometedores avances del pensamiento científico, sobre todo en los campos de la cosmología, la antropología o la biología, el problema del clericalismo persiste, y es la expresión del dominio de la Iglesia y de su tendencia a inmiscuirse en la vida social. Por ello, además de la ciencia y del conocimiento, también la democracia libera al ser humano de la superstición. El debate sobre el ateísmo y el laicismo es un síntoma de estabilidad democrática, que por supuesto incluye el desenmascaramiento de los intereses proclives a fomentar creencias irracionales.

Se suele evitar este debate público. Se opina incluso que es perjudicial e incorrecta la implantación del laicismo, que Acuerdos, Convenios y Concordatos trascienden jurídica y éticamente a los derechos individuales.

Pero la intrusión religiosa en campos como la política, la educación o la cultura, fomentando el enfrentamiento, el doctrinarismo y la censura, indica que se está sobrepasando el simple derecho a participar en el debate de las ideas.

Cuando un Gobierno se inmiscuye en el ámbito privado de la creencia, casi nadie duda ya de que se trata de una injerencia ilegítima y de un abuso. Sin embargo, si una Administración favorece espectáculos confesionales derrochando el dinero público de manera irresponsable, la cosa cambia. Se aducen justificaciones publicitarias, se prometen beneficios comunes, se apela al “derecho de las mayorías” y todo parece tan democrático y constitucional que casi constituye un delito o una impertinencia oponerse a ello.

En estos casos, los gobernantes asumen y propagan mensajes religiosos, se ponen al servicio de estrategias clericales y ondean una sospechosa moral triunfalista.

Y pretenden, además, que nadie ose plantear una réplica, que nadie alce una voz disonante. O, al menos, intentan que no se oiga demasiado…

Así que lo que decimos en voz alta es que no esperamos a un señor que viene de Roma, y al hacerlo estamos acusando a unos de despilfarradores, a otros de intolerantes y de excluyentes, y a otros más de complicidad… No es racional ni beneficioso montar un circo de esas características ni ocultar sistemáticamente su coste a la ciudadanía. No es racional ni beneficioso que la política se subordine al clericalismo. Y no lo es, tampoco, que se silencie la crítica, que se pase por alto, que se intente aparentar que aquí no ocurre nada y que se gastará “lo que haga falta” para que la visita de Ratzinger sea un éxito.

Ésta es entonces la propuesta de la campaña “Nosaltres no t’esperem”:

Hacer aflorar el debate, denunciar la arrogancia y la intransigencia, señalar el servilismo y la falta de transparencia, y, en suma, insistir en que la coherencia y la sensatez, ejercidas desde una ciudadanía crítica y reflexiva, son las mejores garantías de la convivencia democrática.

Una reivindicación del anticlericalismo

El catolicismo sigue viéndose a sí mismo como la religión histórica de los españoles. En pleno siglo XX, el estado español era el ejemplo por excelencia de una sociedad con una única religión dominante. Obispos, religiosos y católicos en general consideraban que la preservación del orden social era irrenunciable, y que ésta no sería posible sin la voluntad de apoderarse de todo el espacio público, tanto en su vertiente política como religiosa.

Frente al poder arcaico y medievalista de la Iglesia emergió, hace ya bastante tiempo, una contratradición de crítica, el anticlericalismo. Durante su fase más radical, a principios del pasado siglo, los militantes obreros, junto a un sector de intelectuales de la izquierda, emprendieron la tarea de construir una red de ateneos, periódicos, escuelas laicas y otras tantas manifestaciones de una cultura popular anticlerical, en la que republicanos, anarquistas y socialistas se daban la mano. La Iglesia se resistió con fuerza a estos intentos de modernización y de secularización. Se forjó así la historia del enfrentamiento entre el clericalismo y el anticlericalismo, entre el orden y el cambio, que, agudizada en los años republicanos, terminó con el triunfo violento de las fuerzas de la reacción. La dictadura franquista adquirió una dimensión mítica y religiosa que condenó al anticlericalismo como una práctica y una ideología perniciosa que debía ser extirpada de raíz.

Sin embargo, la oposición al poder clerical debe ser comprendida, en nuestros días, como un fenómeno cultural ligado a la historia de los movimientos por la libertad. La batalla por la enseñanza laica, por la anulación de los privilegios eclesiásticos y por el derecho a la libre expresión de la propia independencia frente a la presión ideológica de la secta mayoritaria son rasgos que apuntaban -y apuntan- a la necesidad de una transformación social.

Es imprescindible blindar el ámbito público de cualquier influencia teológica, y es igualmente imprescindible promover el debate, la reflexión y la denuncia de las actuales formas impositivas del clericalismo aliadas con la derecha católica. Pero el panorama no es excesivamente simple. Los obispos han adoptado, estratégicamente, una moral triunfalista, y alertan diariamente contra el laicismo, por la defensa de su tradicional modelo de familia y por la “unidad de la patria”. Desde el Vaticano se condena por decreto la inseminación artificial, el empleo de embriones, el uso del preservativo y las bodas entre homosexuales. Y los nuevos movimientos neogóticos de carácter ultraconservador comienzan a definirse como la masa activa y protagonista de una Iglesia triunfante en plena efervescencia…

Dada la situación, una de las iniciativas que pueden adoptarse, por coherencia, es apostatar, exigir que se nos borre de sus registros, que no se nos cuente estadísticamente entre sus acólitos. La apostasía no es más que la renuncia pública a la fe católica, el procedimiento para que la Iglesia suprima nuestros datos del libro de bautismo. Pero los policías de la fe se niegan frecuentemente a acceder a estas solicitudes, excusándose, en los casos en que se rebajan a contestar las declaraciones, en la catalogación de los registros de bautismo como un simple "archivo histórico de datos", que no afecta en absoluto al carácter privado de la creencia. Es cierto. Afecta, más bien, a los intereses económicos de la secta, así como a la defensa de sus posiciones políticas y de su influencia social.

Hace unos días, en una entrevista publicada en el Diario de Mallorca, el Presidente de Ateus de Catalunya, Albert Riba, comentaba que él jamás había iniciado el proceso de la apostasía, ya que eso equivaldría a "tomarse en serio" la legislación y la costumbre eclesiástica. Gonzalo Puente Ojea tampoco consideró nunca importante dar este paso, al relegarlo, por su parte, a un simple trámite católico carente de legitimidad. Son bastantes quienes, desde una perspectiva atea o agnóstica, conceden muy poco interés a la presentación de este tipo de declaraciones ante las autoridades religiosas, o incluso las consideran improcedentes, puesto que en cierto sentido legitiman un poder del que solicitar su aprobación.

Por otra parte, los argumentos a favor no son escasos, ni carecen de lógica. Implican una toma de posición frente a la influencia del catolicismo, refuerzan los medios para lograr una separación efectiva entre la Iglesia y el Estado, y favorecen el tránsito a una reducción de los privilegios de la ICAR en cuanto a su financiación pública.

La negativa frecuente de los obispos a aprobar las solicitudes de apostasía, así como el recurso a instancias judiciales superiores en algunos casos recientes, demuestran que el constante goteo de huidas molesta enormemente a los prelados. Junto al programa oficial de la visita de Ratzinger, alias Benito XVI, el Vaticano ofreció este mismo lunes un resumen de cifras según el cual los católicos en el estado español alcanzaban un porcentaje superior al 94 % de la población. Esta afirmación es absurda, además de falsa. En los últimos baremos sociológicos oficiales apenas superan el 76 %, pero sólo un 29 % se considera practicante, o al menos acude a misa de vez en cuando.

Por otra parte, la diputada de Izquierda Unida, Isaura Navarro, defendió recientemente una proposición no de ley en la que instaba al Gobierno a estudiar las reformas legales necesarias y a llevar a cabo acuerdos con las diferentes confesiones para establecer un procedimiento rápido que permita renunciar a la confesión religiosa a la que se pertenece. Pero los grupos parlamentarios socialista y popular se opusieron a la iniciativa. Los primeros, alegando que el planteamiento podría vulnerar el principio de separación Iglesia-Estado y que no garantizaba el derecho a cambiar de creencias. Los segundos, por considerar que carecía de sentido y que la Iglesia es además la abanderada del derecho a la libertad religiosa...

En suma, que millones de personas se cuentan entre los miembros de una asociación de la que no se puede salir, y en la que entraron sin ser consultados. Podría decirse que nos encontramos ante un intento de recatolización de la sociedad, que además no duda en promover situaciones de conflicto y en criminalizar cualquier atisbo de disidencia. Ejemplo evidente de ello lo tenemos en las últimas declaraciones del Arzobispo de Valencia, y también en las acusaciones lanzadas hace unos días a la plataforma “Nosaltres no t’esperem” por parte de la fundación organizadora del EMF, calificándola de “grupúsculos radicales de carácter violento” que pretenden “amenazar al Papa” y “boicotear su visita”.

Dijo Agustín García-Gascó, en la última de sus peroratas semanales, que “determinados grupos están llevando su libertad ideológica más allá de lo que es admisible”, que “las injurias, las burlas y las exhibiciones de desprecio son provocaciones reaccionarias a las bondades y beneficios de la familia fundada en el matrimonio entre varón y mujer”. Y añadió que los “ataques contra la familia” se llegan a personificar en “desconsideraciones y burlas contra el Santo Padre y su visita a Valencia”. “Esas ofensas -señala- traspasan cualquier límite de cortesía al que está obligado un Estado con respecto a una autoridad religiosa mundial, por lo que está obligado ya no sólo a no potenciarlas, sino a rechazarlas públicamente”.

De carambola, el ataque del obispo a una campaña cívica, pacífica y democrática que reivindica el derecho a exponer públicamente su disconformidad con la visita del dictador teocrático y con el agasajo vergonzoso que se le prodiga, derrochando fondos públicos en beneficio de una confesión religiosa determinada, se vehicula hacia la exigencia y la crítica a un gobierno central nominalmente socialista que ni siquiera defiende con coherencia las posiciones básicas del laicismo.

En el fondo, el nerviosismo que se adivina tras estas manifestaciones es significativo. La contracampaña orquestada por ciertos elementos de la derecha radical en apoyo y rendimiento de pleitesía a Ratzinger, a la que han titulado, en un alarde de imaginación, “jo sí t’espere” (“yo sí te espero”), tiene tras ella a la plataforma ultraconservadora “Hazte oír”. La invasión cromática vaticana empieza a verse ya en forma de huevos lanzados contra las librerías que se niegan a poner en sus escaparates iconografías católicas de bienvenida. Algunos institutos públicos retiran las pancartas con la señal de peligro en forma de mitra papal, alegando razones de tolerancia y de respeto. Aparecen en los balcones banderas preconstitucionales, y la ironía callejera ya se viste con camisetas alusivas a la vida sexual de la alcaldesa, en lo que es una clara denuncia de la hipocresía en la que habitan algunos…

Ante el espectáculo en ciernes, no es extraño que buena parte de la población recupere la herencia de un anticlericalismo y de un laicismo que, lejos de presentarse como una actitud trasnochada, fanatizada y violenta, es hoy ante todo un síntoma positivo de la recuperación de las virtudes ilustradas por parte de una sociedad ya madura y capaz de ejercer públicamente su derecho a la crítica.

8.6.06

La bestia

Mientras los cardenales alertan diariamente contra el laicismo, y el sumo teurgo condena por decreto la inseminación artificial, el empleo de embriones, el uso del preservativo y las bodas entre homosexuales, los obispos, demasiado ocupados en ocultar los escándalos y abusos de sus subordinados, reciben gozosos a los nuevos movimientos neogóticos que comienzan a definirse como la masa activa y protagonista de la Iglesia sufriente.

Y es que entreven, por los resquicios de una época que ya no les comprende, una inmediata y cercana Iglesia triunfante, la novísima era del Paráclito emplumado que, siguiendo el milenarismo profético de Joachim de Fiore, transmutará el mundo y provocará el descenso apocalíptico de la Jerusalén Celestial.

Hace pocos días, el gurú Kiko Argüello, iniciador del Camino Neocatecumenal, habló en la plaza de San Pedro durante el encuentro de Benedicto XVI con los nuevos movimientos. A los obispos europeos y a sus aguerridos acólitos, tras aleccionarles con las amenazas de la destrucción de la familia y la secularización de Europa, les habló de los nuevos carismas, y les recordó que la Iglesia está siempre en combate contra la bestia. Continuó literalmente así:

Mientras la humanidad da un giro hacia una nueva era, tareas de una gravedad y amplitud inmensa esperan a la Iglesia, como en las épocas más trágicas de la historia. Se trata de confrontar al mundo moderno con las energías vivificantes y perennes del Evangelio. El Papa Juan XXIII supo profetizar la «era nueva», la posmodernidad, el ateísmo visible, en que estamos sumergidos. Tenemos que comprender que sólo el Cordero degollado vence a la bestia.

La alucinante doctrina de los infiernos, con sus visiones macabras y sus inimaginables suplicios, no es más que la racionalización teológica de un arma de disuasión, basada en la necesidad y en la prueba de una justicia divina implacable. Comprendamos que, para los funestos ideólogos del catolicismo, resulta complicado ya que su audiencia experimente terror ante ese fantástico auto medieval que han representado durante siglos.

A efectos estratégicos, resulta sin embargo más coherente y eficaz una traslación del símbolo a la realidad, la proyección sobre el adversario de los más espantosos contenidos de su hirviente imaginación. La bestia, siempre multiforme y adaptada a los diversos miedos que han inculcado históricamente desde el púlpito (a la carne, al hereje, al luteranismo, al comunismo, al racionalismo, a la disgregación de la familia, a la increencia, al relativismo...) aparece eternamente enfrentada al Cordero degollado, que acumula y resume en sí los paranoicos conceptos de salvación personal, de mensaje eterno, de elección y compromiso, de sentido de la vida y de tantas otras fórmulas confusas tras las que disimulan, los teólogos, su avidez de sangre y de dominio temporal.

Materializando así el espíritu maligno de sus pesadillas en formas concretas, definidas, que desde su propia y extraña perspectiva se apodera de los hombres y les sitúa al otro lado, los nuevos cruzados de la fe pueden justificar en público su papel de parásitos, señalando con el dedo a cada nuevo adversario, a cada nueva potencial amenaza. El mecanismo, la técnica, es muy antigua...

Uno de los mayores logros del idealismo es su capacidad de transformación, su carácter mimético. Elabora abstracciones metafísicas, les otorga primacía ontológica sobre la materia, y luego las hace descender hipostáticamente sobre las desprevenidas cabezas de la plebe. El entretenimiento platónico de las Ideas, su constante vaivén arriba y abajo, parece haber hipnotizado desde siempre a los hombres. Abducidos por una mística de la irrealidad, por complejas construcciones psicológicas fabricadas ex-profeso, adquieren los creyentes un código moral adecuado a las necesidades de la ideología a transmitir y de sus necesarias adaptaciones.

De este modo, que exteriormente aparece como burdo y simplista, la demonización del otro, de aquel que no milita en sus ejércitos, del salvaje incapaz de sentir temor de Dios y que habita en los márgenes de su imaginario mundo, se convierte en una práctica usual y adquiere rasgos casi permanentes.

Hoy se ha comprobado con claridad: han hablado abiertamente de la existencia de elementos marginales, de grupúsculos que incitan a la violencia contra el santo Padre, de radicales de ultraizquierda, de microasociaciones y minipeñas de perjuros, calumniadores, blasfemos, promotores de la homosexualidad e intolerantes que amenazan al Papa y que piden el boicot a su visita.

Los teócratas señalan, discriminan, definen, identifican de nuevo a la bestia, al no-dios, al espíritu del mundo. ¿Le temen? ¿le odian? ¿le necesitan para subsistir?

¿O simplemente se trata de una distracción en la estrategia de un ataque dirigido a adversarios más poderosos? En cualquier caso, parece que su desprecio y su rabia contenida les ha jugado esta vez una mala pasada. La astucia secular del clero se derrite en conatos de autodefensa que se advierten casi desesperados.

Ante la perspectiva de más de un millón de iluminados, cruzados, legionarios, vírgenes, numerarios, catecúmenos, adoradores de vísceras y artistas del espíritu; ante la visión gloriosa de su icono extendido como un yugo en cientos de miles de cuerpos; ante la magnificencia de una ceremonia mágica multitudinaria y vistosa, para cuyo éxito mediático la mejor política frente a la disonancia popular sería el prudente silencio, incurren, los organizadores del EMF y los ejecutivos del Vaticano que les inspeccionan, en el error de atravesar la línea de tiro del No t'esperem y de servirles en bandeja una denuncia por injurias y calumnias.

La fuerza colectiva no domesticada, ese monstruo de mil cabezas que encarna para ellos el mal, puede ocasionalmente darles un zarpazo.

Sin embargo, quizá convenga otra táctica de guerra. Permitirles el empleo inmoderado de la mentira, provocar su ira de forma elegante, ponerles en evidencia, desenmascarar la mugre que ellos llaman caridad cristiana e iluminar las sombras bajo las que se arrastran. Dejar que sus errores y su intransigencia aparezcan a la plena luz del día, que el infinito amor que dicen sentir por su rebaño brille piadosamente como una úlcera abierta.

En el fondo, el propio discurso por ellos utilizado bastará para su inevitable crucifixión pública. Ni siquiera la bestia tendrá necesidad de desempeñar un pequeño papel secundario en este Apocalipsis.

30.5.06

"No te esperamos", Papi


Esta semana hemos seguido atentamente el desarrollo de la campaña "Nosaltres no t'esperem", que en sus primeros siete días ha conseguido más de 3000 adhesiones particulares on line, y unas 200 más procedentes de diversas organizaciones, partidos, sindicatos y colectivos varios. La próxima visita de Ratzinger a Valencia parece además insuflar sanas energías a los políticos de EU, que de tan pesados y peseteros que se han puesto han provocado el enojo del pportavoz del Consell. Pons pasa de todo, no quiere oir hablar de cifras ni de ecuaciones. Ya dijo que aquí se gastaría lo que hiciera falta, porque ese señor es un tío muy importante, y se lo merece, coño. Esos sedicentes, además, no tienen cataplines, como ha dicho uno por ahí en su blog. Si tú tampoco tienes de eso, y le guardas ganas al Papi, puedes firmar aquí.

La polaca y ultra Radio María no quiere domesticarse, y la COPE sigue como siempre, mintiendo y esputando odios episcopales. Un arreglillo aquí y allá, eso sí. De Jiménez Losantos me han contado que es más ateo que Buñuel. Se metió el otro día con los del diario Levante por prestarse a colaborar con los niñatos esos que quieren jorobarle el sueño a Benito. Por cierto, el lunes 5 de junio se presenta en su Club la Campaña.

Un estudio conjunto de las Universidades de Harvard y Chicago ha alcanzado una conclusión esperanzadora: los niños desconfían, y mucho, de las supersticiones religiosas, y les mola más la ciencia. Ya lo indicaba aquel alarmante estudio de la "Fundación Santa María": los jóvenes son cada vez más descreídos, tan sólo un 5 % acude el domingo a misa, y los otros van por ahí diciendo que "Dios es un invento de los curas". A dónde vamos a parar…

Da la impresión de que a la Santa Madre nadie la deja en paz. En los colegios de Jaen descuelgan los crucifijos, la flamante ministra italiana de la Familia quiere legalizar las uniones civiles (esas que no pisan la sacristía “ni pa dios”), Moraleda se pone chulo y dice que el Catecismo no es una ley del gobierno, a Cañizares le produce dolor de cabeza tanta marea laicista y la CEAPA sigue con el rollo de las clases de religión... Vamos, que tanto apóstata y tanta mala leche y tan poca educación y tanto mariquita suelto no puede ser bueno. Suerte que Papi ha visitado estos días el bonito campo de exterminio de Auschwitz y ha recordado los buenos tiempos de su juventud. Dijo allí que Hitler quería matar a Dios y que hay unas fuerzas oscuras muy cínicas y ateas que emergen en el horizonte. Vale, lo de Hitler tiene un pase, porque casi nadie sabe –o recuerda- que Adolfito era un católico convencido y que jugaba al Monopoly con san Pío XII. Pero eso de las fuerzas oscuras… Papi, ¿te pillaste un empacho de tebeos o es que te han venido cagaletas?

Los Legionarios neogóticos de Maciel están algo confusos. Eso de que Benito le haya dado vacaciones sempiternas a su líder no acaba de entrarles. Pero, al menos, el semanario ultracatólico Alba no le escatima elogios, y -horrendo crímen- llega a poner en duda la infalibilidad de esta decisión de Papi. En realidad, ¿qué importancia tienen unas tiernas caricias prodigadas paternalmente por el bueno de Maciel a los chavalines del seminario? Y es que las fuerzas oscuras esas quieren hacer pasar por conducta viciosa cualquier atisbo de apertura eclesial a la modernidad...

Y, encima, a los miembros del Comité por los Derechos del Niño en la ONU no se les ocurre más que tomarse en serio las acusaciones dirigidas nada menos que al 30 % de los sacerdotes mexicanos, por abuso sexual y otras guarrerías. Es decir, a 4.200 curas cuya única falta ha sido demostrar que siguen siendo muy machos, aunque lleven faldones.

Para no perderselos: los artículos de Maruja Torres y de Juan Goytisolo en El País, y la “Carta abierta a Benito XVI”, en La República.

Por cierto, 22 millones de personas han muerto hasta ahora por el SIDA.

Observatorio del ateísmo
http://www.federacionatea.org/htdocs/enlaces.php?id=24
Observatorio de las religiones
http://www.federacionatea.org/htdocs/enlaces.php?id=23

21.5.06

Observatorio FIDA, 15 a 21/05/06

De campañas y delincuentes varios
Decía un ateo del XVIII que los sacerdotes se muestran, en todo tiempo, como promotores del despotismo y enemigos de la libertad pública, que su oficio exige esclavos envilecidos que nunca tengan la audacia de razonar. La avaricia y la ambición son las pasiones dominantes del sacerdocio, y por eso nada nos extraña que los Legionarios de Cristo, los perros de presa del octogenario sacerdote Maciel, consolidados en el centro del poder político y económico en varios países del mundo, anden últimamente algo nerviosos tras la reprimenda papal que restringe el ministerio de su pederasta fundador.

Algunos ya intuyen sabiamente que la publicidad que se le está dando a este escándalo, sumado al prodigioso marketing del bodrio de Dan Brown que tantas abiertas llagas y ocultas dichas está provocando entre los antropófagos seguidores del mito del nazareno unigénito, es debida a una campaña anti-cristiana mundial promovida por ateos y libertinos hedonistas.

Porque, ¿cómo explicar -si no- las osadas burlas y obscenidades exhibidas en Vila-Real por parte de algunos irreverentes e inmorales ciudadanos, que han provocado el estupor y la indignación de los atemorizados párrocos del lugar?

¿Y cómo explicar, también, que los desviados sexuales y los ateos, los laicistas, epicúreos, atomistas y librepensadores, las feministas, los rojos, los bakuninistas y los nietos de Kropotkin, los intelectuales y las putas, se escondan tras un blasfemo manifiesto público y una campaña de desprestigio que intenta afear esa gran fiesta ecuménica de la que tantas satisfacciones y beneficios espera recibir buena parte de la clase política del País Valenciano?

Incluso algunos herejes que, desde su propio cristianismo contestatario, desdeñan, al parecer, la sacratísima primacía ministerial del Sumo delincuente del Vaticano, han colaborado en esta infamia. ¿Cómo -insisto- hubiera sido posible tamaña osadía por parte de estos despojos de la civilización judeocristiana sin la dirección oculta de fuerzas tenebrosas que, agazapadas en la sombra, maquinan contra el representante de cristo en la tierra?

Pues ahí está. Nosotros no te esperamos, dice el slogan. Y pretende ir a más. A lograr la adhesión de quienes, en un arranque de soberbia laicista, osan dudar de la verdad de esta España católica, varonil, heróica y mártir, fundada sobre la Familia, el Trabajo y el Orden. A conseguir la colaboración y el respaldo de una ciudadanía consciente de que, en una democracia real, es imprescindible blindar el ámbito público de cualquier influencia teológica, de cualquier fantasía apoyada en ficciones morales y/o religiosas.

A Benito XVI, ya mosqueado por el diabólico anticlericalismo del gobierno de Zapatero, sólo le faltaba comprobar que la impericia de los gobernantes valencianos pueda favorecer una eclosión de actividades ruidosas y molestas: debates sobre ateísmo, laicidad, escuela pública, propagación del SIDA, matrimonios aberrantes, financiación de la Iglesia católica y otras gaitas, exposiciones blasfemas y burlonas, titiriteros increyentes haciendo mofa del Pastor alemán, y un largo etcétera. Mano dura, señores, es lo que hace falta. No nos vayan a joder, estos descreídos, el bonito recibimiento que se merece Joseph.

Quieren, los honrados y obsequiosos ppolíticos de la Comunidad valenciana, sembrar el recorrido desde el aeropuerto con miles de banderas vaticanas (banderas, dicen, de un Estado parásito que nunca encontró cinco minutos para firmar la Declaración de los Derechos Humanos). A lo mejor, quién sabe, lo que encuentra nuestro héroe son unos cuantos miles de pancartas que ubican su sombrero más lujoso dentro de una señal de peligro. Imaginad el cabreo que se puede coger...

Hay más noticias, claro. Terrorismo religioso, escaqueos políticos, reacciones al Código da Vinci, despilfarro de recursos públicos, rectificaciones y retractaciones tras la nueva ley sobre el aborto en Colombia, responsabilidad de la Iglesia argentina en la represión, el peligroso revisionismo de Sarkozy, los siempre sabrosos argumentos jurídicos del bueno de Cañizares, e incluso unas declaraciones muy divertidas del arzobispo de Burgos.

Y también convocatorias, artículos de opinión, erotismo blasfemo, campañas contra la religión en las escuelas, entrevistas, documentos sonoros... Ahí están los enlaces.

Observatorio del ateísmo
Observatorio de las religiones

15.5.06

Observatorio FIDA, 08 a 14/05/06


Boletín semanal de actualizaciones en la página de la Federación Internacional de Ateos (FIDA). (8 a 14 de mayo de 2006)
Editorial

Sigue siendo de actualidad el romance entre los organizadores del EMF y los organismos públicos de la ciudad de Valencia. Ni un euro van a regatear los adeptos de Camps, sobre todo por la superabundancia de los beneficios que piensan obtener, aunque sean espirituales. Por eso la coordinadora de Esquerra Unida en la Comunidad Valenciana ha dicho que el gasto público en la visita del Papa es "indecente". Los millones bailan. La alcaldesa sólo da saltitos.
El párroco de Sinarcas parece algo alterado. Nadie en el pueblo le aprecia mucho, le organizan botellones en la puerta de la sacristía y algunos jóvenes tienen el valor de burlarse de sus sagradas hostias. El arzobispo se ha puesto de su lado, y ha decretado la suspensión de la misa en este pueblo maldito. Como en el siglo XI. Además, acusa a dos ediles del ayuntamiento de coaccionar al cura. No hay nada como tener un hermanito mayor.

El Ayuntamiento de Tarragona, más dócil, anuló una exposición artística que hacía mofa de la santa Madre. Han dicho que no es cuestión de ir ofendiendo a nadie. La libertad de expresión, ¿no estaba recogida en la Declaración de Derechos Humanos?

Los italianos también lo tienen crudo. Y no sólo por lo del "8x1000". La UAAR (Unión de ateos, agnósticos y racionalistas) ha interpuesto demanda a un pobre maestro de escuela cuya única falta ha consistido en hacer cantar a los niños el himno patronal. Y es que ya no hay respeto por las tradiciones. Pero aquí también hay acciones legales: Escuela Laica de Valladolid iniciará mañana la vía judicial para reclamar la retirada de los símbolos religiosos del colegio público Macías Picavea de Valladolid. Los consejeros de la Junta no acaban de entender tamaña insidia laicista.

Otro frente de inagotables sorpresas es la manía que le tienen estos tipos a los gays, y, en general, a todo lo que huela a entrepierna. Benito insiste, y presiona al gobierno italiano condenando el matrimonio homosexual y el reconocimiento de las parejas no casadas. Los amigos de Liberacción propusieron ayer una morreada general delante del arzobispado de Madrid. Qué guarras. Se convoca además un acto general de apostasía en Valencia, para el próximo 24 de junio. Este tipo de iniciativas deberían ser constantes en todo el Estado. A ver si así nos borran a todos de un plumazo.

Bergoglio, el cardenal argentino ultraderechista, también está muy irritado con el descaradísimo periodista Verbitsky. No se le ha ocurrido a éste sino publicar un libro (La Isla del silencio) a propósito de las acciones de la Iglesia católica argentina durante los años de la dictadura. En él, acusa a Bergoglio de actos sumamente graves. Lo sentimos, Jorgito. Ya vemos que tenías razón cuando dijiste aquello de la piedra atada al cuello.

Super Cañizares vuelve al ataque, y no duda en equiparar el aborto con el terrorismo. A mí este hombre me recuerda a uno de esos predicadores medievales que atemorizaban a los incautos desde el púlpito con los horrores de los infiernos. Pero es que ahora parece que la ICAR encuentra de moda hacer referencias a la violencia política. Celestino, el observador del Vaticano en la ONU, ha encontrado la solución al terrorismo. Son... ¡las religiones! Tal descubrimiento ha dejado anonadado al Baron d'Holbach, que en su blog (éste que estás viendo) analiza el último comunicado del Servicio de Información del Vaticano al respecto de religión y terrorismo.

A propósito del aborto, la jerarquía eclesiástica colombiana está que trina, repartiendo excomuniones por los pasillos del poder judicial. Los magistrados de la Corte son unos "payasos", según el cardenal Rubiano. Delante de un micrófono, ha dicho que los fieles deben obedecer primero a Dios, y después, si no les causa mucha molestia, a las leyes de los hombres.

Los faístas de Tierra y Libertad reproducen un artículo de Paolo Iervese publicado en Umanità nova. Tras analizar la primera encíclica de Benito XVI, concluye afirmando que "la irracionalidad ligada al acto de fe nutre siempre, con el propio consenso, la racionalidad del proyecto de dominio de las instituciones de poder". Bien dicho.

La eutanasia sigue provocando eccemas. El eurodiputado británico Chris Davies afirma, en una entrevista publicada en El País, que la muerte digna forma parte de los derechos humanos. Jorge León fue hallado muerto hace unos días, desconectado de la máquina que le permitía respirar. Recomiendo la lectura de On Suicide, de Hume.

Al cardenal Castrijón le damos pena los ateos, piensa que somos "pobres huérfanos". Ellos, que tienen tantos padres y tantas madres, parecen padecer de astenia primaveral, y les da por decir que la Iglesia se está renovando, que florece a pesar de la ola de laicismo que nos invade. Gracias, pater.

La Libre Belgique publica un artículo de opinión interesante, Cuando la cruz está al servicio del poder. Bush, Putin, Chirac y Blair (aunque no sólo ellos) recurren frecuentemente a la religión para asegurar su legitimidad. Por la gracia de Dios, se decía por aquí no hace mucho, y lo ponía en las monedas del dictador Franco.

Por primera vez, nos llama la atención el asunto del Código da Vinci. Aprovechando que el mismo editor de la novela de Brown publicará en EEUU el Camino, de san José María Escribá, algunos indios se han puesto en huelga de hambre y otros reparten una recompensa a quien le lleve ante sí al escritor "vivo o muerto". Parece que la peli de marras no va a estrenarse en la India ni en Filipinas. No vaya a ser que se conviertan todos en ateos.

Hay más, algunos escandalillos, curillas asesinos, prelados detenidos injustamente por acercarse al parque de Valle Giulia, cardenales pederastas... pero, en fin, eso ya casi no es noticia...

Observatorio del ateísmo

14.5.06

Religión y terrorismo


El arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, intervino ayer en la serie de consultas informales de la asamblea general de ese organismo para contrarrestar el terrorismo.

El arzobispo recordó que a principios de este año, el Papa había invitado a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a aunar sus esfuerzos para acabar con el fenómeno del terrorismo y construir una coexistencia justa y pacífica.

Para Benedicto XVI, dijo el nuncio, las causas del terrorismo no eran solo políticas y sociales, sino también culturales, religiosas e ideológicas, por eso la delegación de la Santa Sede ha acogido con agrado el informe de las Naciones Unidas sobre este tema porque ha incorporado un componente cultural y religioso a su estrategia global de lucha antiterrorismo.

La Santa Sede -prosiguió-, está dispuesta a apoyar las iniciativas que animan a los creyentes a ser agentes de paz. Además, cuando la naturaleza verdadera de la religión se entiende y se vive correctamente, ésta puede ser parte de la solución más bien que del problema. Por eso, las Naciones Unidas deberían animar a las religiones a dar esta contribución, es decir, llamarlas a crear, apoyar y promover la condición previa de todo encuentro, todo diálogo, toda comprensión del pluralismo y la diferencia cultural que es la dignidad de la persona humana. Nuestra dignidad humana común es la verdadera condición previa porque se antepone a cualquier consideración o principio metodológico, incluso a los del derecho internacional. Es la "Regla de oro", que se encuentra en todas las religiones del mundo. Fomentar la conciencia y la experiencia de esta herencia común seguramente ayudará a traducir esta visión positiva en categorías políticas y sociales que, a su vez, darán forma a las categorías jurídicas ligadas a las relaciones nacionales e internacionales.

El arzobispo recordó que la exclusión política, social y económica espolea la frustración de los jóvenes y desemboca en subversión del orden en algunos lugares. Si esas cuestiones se resuelven con rapidez y justicia -subrayó el nuncio- las naciones pueden privar a los terroristas del oxígeno de odio y de agravios, verdaderos o imaginarios, con el que intentan legitimar sus acciones y reclutar a las personas más impresionables.

El observador permanente de la Santa Sede concluyó afirmando que la estrategia antiterrorismo debe caracterizarse por la eliminación del sustrato moral que sostiene a los terroristas, de ahí que el tratamiento de estas personas deba atenerse siempre a las normas humanitarias internacionales.

(Vatican Info Service, 11.05.06)


Por decir lo mínimo, es deliciosamente conmovedor ver cómo la jerarquía vaticana sigue siendo capaz de ejercicios de hipocresía semejantes...

Primero, porque el substrato moral que sostiene a los terroristas depende, siempre, de un subsuelo religioso, que convierte al asesino ideológico en mártir de su causa.

Segundo, porque la coexistencia justa y pacífica que pretende construir la nueva Iglesia parece ignorar por completo el papel histórico desempeñado por esta organización, y ello podrá engañar sólo a unos pocos desprevenidos. O quizá no a tan pocos...

Tercero, porque la llamada a la dignidad humana como condición que se antepone a cualquier principio metodológico, incluso al derecho internacional, es una declaración evidente de la voluntad de injerencia clerical en el espacio público. Otro modo de decirlo es el expreso deseo de que su visión dé forma a categorías jurídicas absolutas a partir de una imaginaria herencia común -esta vez, la alusión es deliciosamente indirecta, y sólo faltaría añadir aquí el término europea para clarificar el sentido político de la intervención del arzobispo Migliore-.

Y cuarto, porque la actual estrategia de rediseñar una doctrina social de la Iglesia Católica capaz de atraer a ciertos sectores de la población no hace más que traducir en términos más dulces la tradición ultra-conservadora del XIX. La alusión a la subversión del orden y a la frustración de los jóvenes tiene un siniestro matiz constantiniano, un vago regusto a Cruzada nacional, a santa paz y a rebaño de Dios.

Pero aún parece resonar en el aire el eureka graznado por Benedicto: “las causas del terrorismo no son solo políticas y sociales, sino también culturales, religiosas e ideológicas”. Felicidades, Joseph. No podríamos, los ateos, expresarnos mejor.

El terrorismo consiste en combatir, mediante el terror, el dominio de otro. Pero también es la dominación mediante el miedo, la utilización de la violencia con fines políticos. Y, dado que la violencia física, doctrinal, intelectual, política y moral ejercida históricamente por la Iglesia ha apuntado siempre a su propio interés, a mantener una hegemonía absoluta sobre las conciencias, ¿existe alguna razón que impida definirla como una organización terrorista? El arma definitiva contra el terrorismo, contra el fanatismo, contra la violencia ciega, ¿será, como afirma el observador Celestino, la religión?

¿O, quizás, sólo quizás, la razón y la fuerza de la lucidez?

No deberíamos privarnos, los ateos, de aplaudir con abierta satisfacción las últimas palabras de Migliore: Si esas cuestiones se resuelven con rapidez y justicia, las naciones pueden privar a los terroristas del oxígeno de odio y de agravios, verdaderos o imaginarios, con el que intentan legitimar sus acciones y reclutar a las personas más impresionables.

Hacía tiempo que no leía una definición tan exacta de la religión: Oxígeno de odio imaginario que intenta legitimar las acciones de los más impresionables.

8.4.06

El ateísmo como factor de impulso para una radical transformación social


La lucha contra la religión no puede quedar limitada sólo a la esfera privada, como si fuera una variante más de onanismo filosófico. También ha de poder enfrentarse a ella en los campos de la política, el derecho, la cultura y la economía. Y ha de poseer inevitablemente como base una nueva cosmovisión y una nueva actitud ética, orientada a favor del hedonismo y de la vida y contra el rigorismo ascético y su pulsión de muerte.

Pero desmitificar la realidad, descristianizar radicalmente la política y la educación, en suma, reivindicar la libertad frente a la religión, es una declaración de racionalidad que tropieza actualmente con muchos desafíos.


Al preguntarnos por las consecuencias prácticas de todas las fábulas canalizadas por la religión, nos encontramos, en primer lugar, con el miedo inculcado desde la infancia, con la amenaza de catástrofes en forma de epidemias, terrorismos, rupturas nacionales o crisis económicas, que no son sino el camuflaje tras el que se oculta la realidad de la muerte cotidiana que padecemos.

Esta simulación totalitaria apela constantemente a la bendición de otros entes no menos metafísicos que la idea de “dios”: la Moral, la Patria, la Familia, el Trabajo, la Cultura, el Ejército, el Estado, la Ley, el Derecho o la Democracia, términos fatalmente escritos con mayúsculas para demonizar la autonomía del individuo y la protesta social, y para evitar que el misterio del poder quede expuesto a la luz del día como lo que verdaderamente es: un fenómeno irreal, mitológico, y sustentado por la pasiva aprobación de una humanidad sometida, condicionada e hipnotizada.

El impacto de lo irracional, que siempre posee un núcleo religioso, adopta además políticamente esquemas formales propensos a la implantación de mecanismos autoritarios de autodefensa: racismos, fascismos y nacionalismos derivan, principalmente, de otras tantas fascinaciones mágicas por la geometría y por el orden lineal.

Estas bases esencialmente abstractas de toda jerarquización, este substrato religioso de las formas de poder, favorecen el cometido de un análisis casi quirúrgico que permite determinar el carácter ilusorio de todo factor de alienación social, y así poder obrar en consecuencia.

Ante todo, es preciso comprender que toda relación apoyada en funciones, y no en individuos, se instala en el terreno de la política. Tanto las premisas del patriarcado como las que predominan en el ámbito de la productividad camuflan modelos ideológicos más amplios, siempre de raíz abstracta o imaginaria, es decir, religiosa.

Puesto que la religión es una maquinaria de creación de ficciones teóricas, de funciones sociales y de sometimiento a las directrices marcadas por los mecanismos de control, nos parece evidente que la negación radical de los supuestos básicos de la religiosidad tiene consecuencias directas en el terreno de las transformaciones sociales. Es más, cualquier ofensiva que prescinda del ateísmo como elemento básico de lucha parece estar condenada a la domesticación o al fracaso.

Consecuentemente, se deduce de ello que una actitud y una praxis libertaria conlleva implícitamente la radical negación de todo tipo de ficción metafísica, y que el ateísmo activo, al obrar directamente sobre el poso ideológico más interno de los sistemas de dominación, abre una perspectiva en profundidad a partir de la cual poder esbozar nuevas formas de resistencia e insumisión.

Podría pensarse, sin embargo, que la influencia de las organizaciones religiosas, y en nuestro contexto histórico no puede evitarse una referencia directa a la iglesia católica, se halla prácticamente en un proceso gradual de desaparición, o al menos de decadencia. Por lo que la batalla por la racionalidad sería algo obsoleto, a falta tan sólo de aguardar la aparición de nuevos síntomas de rigor mortis en los aparatos eclesiásticos, resultado del triunfo silencioso y progresivo de una concepción laicista de la sociedad.

No obstante, algunos indicios permiten concluir todo lo contrario. A pesar del obvio declive por el que en Europa se desliza el cristianismo, observable en el descenso de vocaciones sacerdotales, en la disminución de su influencia sobre las capas cultas de la población, o en las crecientes adaptaciones que la ICAR se ve obligada a asumir, principalmente en el campo de la investigación científica, los neocristianos parecen refugiarse en dos terrenos discursivos aparentemente antagónicos.

Por un lado, la mayoría de ellos se adhiere a un vago sentimiento religioso, según el cual las referencias a la dogmática clásica, ese cúmulo de contradicciones y absurdos elaborado a través de siglos de oscuridad y avalado por la tradición, pasa a un segundo plano en el orden de las prioridades para fijarse exclusivamente en un mensaje evangélico de amor y solidaridad, consecuencia precisamente de las condiciones en que se movió la izquierda cristiana durante el pasado siglo.

Por otro, el sector dominante de la jerarquía, seguido en ello por una retahíla de movimientos laicos de matiz muy conservador (Legionarios de Cristo, Opus Dei, Focolares, Neocatecumenales, etc.), fomenta en la actualidad un amplio frente reaccionario e inmovilista cuyo poder coactivo se trasluce en las directrices oficiales que, en materia de educación, de defensa de la familia, de valores de discriminación o de doctrina social, infectan a las sociedades que las padecen.

Es más, aparecen constantemente, en las declaraciones de obispos, cardenales y demás delincuentes ideológicos afines, referencias claras a una nueva situación anti-histórica que reivindica el triunfo final del catolicismo como sistema de valores inherente a una inventada identidad europea y como factor decisivo en la planificación de un mercadeo global de las conciencias.

En estas circunstancias, es perentorio difundir una conciencia de rechazo absoluto, que no subestime la capacidad de reacción de los sectores integristas del catolicismo y que denuncie abiertamente sus intenciones. Del mismo modo, también es necesario abandonar cualquier torpe referencia al “respeto” por las creencias ajenas, como si el sano ejercicio de la tolerancia debiera incluir toda la inmensa red de absurdos contenida en el programa de los monoteísmos históricos, o como si cualquier idea aberrante fuera digna de ser escuchada y tomada en serio. Es indudable que el derecho a la libre expresión prima sobre la coacción de lo éticamente impuesto, y que la crítica subversiva, aún en la forma de una agresión verbal a profetas, dioses o animales mitológicos, no puede ser jamás silenciada, y mucho menos por una supuesta primacía moral de las actitudes “conciliadoras” exhibidas por la progresía ilustrada.

Si hemos comprendido que la religión es una forma de parasitismo, y que sus sostenedores se aprovechan de esa psicosis colectiva reconfortante para vivir y reproducirse, no será vana la decisión de enfrentarse a ella y de demostrar su intrínseca debilidad conceptual y su extrema nocividad.

25.3.06

Una nueva Edad Media


No hay que ser fanático ni confesional para aceptar que la Iglesia católica y su historia están íntimamente unidas a la historia de España. Esto no significa que el Gobierno tiene que seguir el dogma católico como si fuera la Constitución española. Significa que nos tenemos que llevar bien porque hay muchos españoles que tienen un sentimiento religioso muy digno de ser tenido en cuenta.

José Bono, ministro de Defensa, en Roma. Bono ha negado que Dios "sea propiedad privada de la derecha".

El sentimiento religioso, ¿es digno de ser tenido en cuenta? ¿Qué puede significar eso de ser tenido en cuenta en este contexto? ¿Significa que la batalla por el laicismo debe ser reprimida? ¿Que los crucifijos y otros símbolos publicitarios deben perpetuarse en las escuelas o en otros lugares públicos? ¿Qué la aportación de fondos públicos a la ICAR es algo consolidado e inamovible? ¿Qué el Concordato del 79 es intocable?

María Teresa Fernández de la Vega, aseguró hace unos días que el Ejecutivo socialista no revisará los Acuerdos firmados en 1979 entre la Santa Sede y el Estado español. Tras la reunión privada de hoy entre el Secretario de Estado vaticano y la Vicepresidente del Gobierno español, Sodano comentó que con la buena voluntad se resuelven los problemas y que con España esto será fácil, mientras que De la Vega añadió que la reunión fue muy bien y muy agradable. Pero, ¿a qué viene ahora ese optimismo y qué es lo que será fácil a partir de ahora? ¿Y qué tipo de negociación se está tramitando?

También están ahí las declaraciones de Francisco Vázquez, embajador ante la Curia, con respecto a que la ley de matrimonios homosexuales fue una agresión al Vaticano, y el programa que Ratzinger ha leído hoy a los nuevos cardenales, ese nuevo aire para la Iglesia que se reivindica como poderoso estandarte civilizatorio. Parece que una confluencia de fuerzas medievalistas va tomando ya forma concreta, y a menos de un año de pontificado del Pastor alemán se advierten, aquí y allá, los sospechosos síntomas de una creciente ofensiva oscurantista y totalitaria por parte de la ICAR. Aquella Nueva Edad Media temida por Umberto Eco y aplaudida por el iudoviri Berdiaev hace ya casi un siglo amenaza ahora con levantarse, y las fuerzas tenebrosas que la empujan no dejan de ser las de siempre: la creencia en fantasmas abstractos, la intolerancia, el control del miedo, el desprecio al cuerpo y a la cultura, el síndrome de cruzada, la arrogancia de la casta sacerdotal, el odio y la muerte. Tales son los elementos constitutivos de la religión.

22.3.06

Cardenales


A veces, tengo la impresión de que nosotros, cristianos católicos, padecemos una especie de complejo católico de inferioridad, que nos consideramos, por así decir, los últimos mohicanos, un resto de la Edad Media, cuando la verdad es justo todo lo contrario. Nosotros somos los primeros pioneros de un futuro, del que la mayor parte de los hombres de hoy no saben todavía nada. Esto debería provocar en todos los estudiantes una verdadera conciencia católica y una humilde convicción de victoria.

Así se ha expresado el Cardenal Joachim Meisner, Arzobispo de Köln, conocido allí como "el santo loco del Rhin", entrevistado en Roma con ocasión de su intervención en el Convenio Internacional promovido por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y la Pontificia Universidad Urbaniana.

Si a la izquierda está la muerte y a la derecha la vida, ¿qué es el centro?, se preguntaba también este hechicero en una entrevista publicada hace tiempo en Die Tagespost, en referencia a la postura de la DC alemana con respecto a la manipulación de embriones.

Otro cardenal, Paul Poupard, Nuevo presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso y uno de los personajes más arrogantes e intransigentes de la Curia, también ha dado muestras recientemente (15/03/06) del "espíritu conciliador" que planea sobre los purpurados:

El problema principal para los españoles y en general para Europa, es el de la Verdad. Los españoles, como sus vecinos europeos, parecen haberse cansado de la verdad, como si les pareciera imposible de alcanzar. Y, consecuentemente, desconfían de las identidades claras y fuertes, abandonándose a un vagabundeo existencial y metafísico.

Tal tipo de declaraciones, procedentes de la ultraderecha vaticana, posee la sólida base que le aporta la tradición bíblica. Su hipotético profeta no dijo "Id y dialogad", sino "Id y anunciad el Evangelio a toda criatura". Esta renuncia al diálogo, así como la insólita aspiración a ser los "pioneros" de un nuevo Orden o la "humilde convicción de victoria" que, según el orate del Rhin, debería imbuir espiritualmente a los jóvenes católicos, cruzados de una nueva Edad Media, se conjuga delicadamente con las últimas declaraciones del inquisidor Cañizares, tachando de "blasfemo", "anticristiano" y de "verdadero insulto a la Iglesia" el accidentado espectáculo de Leo Bassi, a menos de dos semanas de un intento de atentado en el teatro Alfil que pudo haberle costado la vida. Parece obvio, natural y coherente que los españoles nos hayamos cansado de ese tipo de verdades inalcanzables, y que desconfiemos de las identidades "claras y fuertes", de la casta de los magos, sacerdotes y demás profetas del teísmo y la intransigencia.

Estos policías de la fe, además, se niegan frecuentemente a acceder a cuantas solicitudes de apostasía se les dirigen, excusándose, en los casos en que se rebajan a contestar las declaraciones, en la catalogación de los registros de bautismo como "archivo histórico de datos", que no afecta en absoluto al carácter privado de las creencias.

La diputada de Izquierda Unida, Isaura Navarro, ha presentado recientemente una proposición no de ley en la que insta al Gobierno español a estudiar las reformas legales necesarias y llevar a cabo acuerdos con las diferentes confesiones para establecer un procedimiento rápido que permita renunciar a la confesión religiosa a la que se pertenece. Se plantea que una posible vía puede ampararse en la Ley de Protección de Datos, pero no hace mucho el Arzobispado de Valencia recurrió una resolución de la Agencia por vía contencioso-administrativa ante la Audiencia Nacional.

Y es que los profesionales de la religión se niegan a renunciar a la situación de privilegio que han mantenido durante siglos, amparados siempre bajo el signo de Constantino. Dice Zizej que el ateísmo es un legado europeo por el que vale la pena luchar. Y añado: es posiblemente la más lúcida batalla que podamos emprender en nuestro siglo.

21.2.06

La "fe" de un ateo


En su acepción normal, religiosa, la fe es un consentimiento no evidente. De donde se sigue que la religión exige que se crea en cosas no evidentes, o en proposiciones a menudo contrarias a la razón. La fe en una revelación, dijo Feuerbach, envenena en el hombre el sentido de la verdad. Le arrebata la libertad y la capacidad de valorar debidamente su propia realidad. A lo que puede añadirse que la fe suprime los vínculos naturales entre los seres humanos, que es excluyente, intolerante y embrutecedora. Allá donde una sublimación se transforma en atributo de un dios, se está desligando a la naturaleza y al mundo de su morfología, se los agota o se los desnuda para trasladar su significado a un ser quimérico, omnicomprensivo, a una voluntad situada hipotéticamente por encima de lo único real. Se diviniza a la realidad, despojándola así de sentido propio.

Ahora bien, ¿los ateos nos movemos impulsados por una fe similar? ¿somos los ateos creyentes en nuestra no-creencia? No sería falso del todo afirmar esto de más de uno, pero tal postura depende más del análisis psicológico que de la veracidad de una situación. Dado que no existen pruebas definitivas de la existencia de dioses o de "espíritus", dado que estas hipótesis nada aportan a la explicación racional de las cosas, ni a la rectitud ética de las personas, y dado también que el estudio de la fenomenología religiosa puede ser satisfactoriamente abordado y esclarecido mediante explicaciones causales, sociológicas, psicológicas, etc., no se entiende por qué habría de tenerse en cuenta la hipótesis religiosa más allá del sano respeto que la fe produce en tanto que respuesta infantil del ser humano ante el vacío provocado por la muerte, el miedo o la ignorancia.

Sin embargo, ateniéndonos a la obvia imposibilidad de rebatir racionalmente una irracionalidad semejante, y por una cuestión de honradez intelectual, habría que admitir en el ateísmo un componente de convicción -más que de "fe"-, un sentido o sentimiento de la verdad, es decir, de que los seres y los objetos son lo que son, en sí mismos, y no el reflejo condicionado de una super-identidad transcendente e invisible, infinitamente buena y creadora.

Quedaría la opción, respetable también, del que cobijándose en la duda prefiriera anteponer el silencio a la negación. Es la posición del agnóstico. Pero éste admite, implícitamente, que el sentimiento religioso es inocuo, inofensivo, o que incluso, en términos maquiavélicos, promueve una estabilidad social benéfica para la convivencia y la conducción de los pueblos. O que puede desligarse una creencia metafísica de sus aplicaciones concretas, cayendo así en el platonismo más descarado.

Sin embargo, se abandona de este modo la crítica, que no es sino la concreción del deseo de ajustarse a la realidad y de desenmascarar las fábulas y las mentiras que paralizan las transformaciones sociales. Si hemos comprendido que la religión es una forma de parasitismo, que sus sostenedores se aprovechan de esa psicosis colectiva reconfortante para vivir y reproducirse, no será vana la decisión de enfrentarse a ella y de demostrar su intrínseca debilidad conceptual y su nocividad para el bien de los individuos.

¿Es una forma de sectarismo la libre asociación para el logro de objetivos comunes no egoístas? Entonces, cualquier contrato implica sectarismo, cualquier compromiso, cualquier acuerdo.

Defender con ahínco aquello en lo que se cree, ¿es también una forma de fe? Se trata de una duda coherente, pero esgrimida siempre por los defensores de la religión, y que en un audaz juego semántico parece surgir de un espíritu de tolerancia, de libertad y de respeto. Al ateo se le considera como un religioso "al revés", y es seguro que no faltan fanáticos que se declaran ateos pero que, en el fondo, están dominados por ideologías y sentimientos irracionales. A la libre convicción de negarse a concebir potencias ideales para explicar los fenómenos del universo no se le puede confundir con la fe del creyente. Pero hay creyentes en ambos lados.

El deseo de destruir las quimeras perniciosas al género humano no puede equipararse a la fe ciega en el absurdo. Remitirse a la naturaleza, a la experiencia y a la razón, es contrario a la aceptación sumisa de argumentos teológicos. Y la defensa de las convicciones propias, aunque adopte la apariencia de una forma de fe, no es más que una exigencia ética.

20.2.06

Comunicado de la FIDA


Llamamiento público para la preparación de las Jornadas Ateas del 1 al 9 de julio de 2006, con ocasión de la visita de Ratzinger a Valencia (ES) en el marco del “VI encuentro mundial de las familias”.

Del 1 al 9 de julio de 2006, se celebrará en la ciudad de Valencia el "VI encuentro mundial de las familias", presidido por Ratzinger.

La Federación Internacional de Ateos, consciente de los peligros inherentes al avance del oscurantismo religioso, y previendo el lamentable espectáculo de una ciudad sitiada y puesta a la entera disposición de un evento católico, convoca a todos los ateos, laicistas y librepensadores a preparar la plataforma organizativa para unas Jornadas Ateas a realizar en Valencia simultáneamente al citado "encuentro".

Denunciamos el apoyo que las Administraciones Públicas están ofreciendo a la secta religiosa mayoritaria, así como la utilización abusiva de los espacios colectivos por parte de la Iglesia Católica, y reclamamos el derecho a expresar libre y abiertamente nuestra repulsa al agasajo multitudinario que se ofrecerá a Benedicto XVI, representante máximo de una de las organizaciones religiosas que más daño ha infringido a los valores de la razón y de la libertad a lo largo de su sangrienta historia.

Las Jornadas Ateas pretenden enfocarse como la reivindicación de un espacio ciudadano ajeno por completo absolutismo ideológico representado por las creencias religiosas. La creación de diversas zonas "libres de religión" en la ciudad puede acompañarse con la celebración de charlas, debates, concentraciones, lectura de manifiestos, presentación de declaraciones de apostasía, exposiciones, actuaciones en directo y otras diversas actividades culturales.

Todo está por determinar. Hacemos este llamamiento a colectivos e individuos que se identifiquen con el compromiso de una sociedad realmente libre e independiente de cualquier tipo de ficciones metafísicas. Estamos convencidos de que las instituciones religiosas no son sino instrumentos de dominación y sometimiento, enemigas de la libertad y de la ciencia. Pensamos, pues, que ante el fasto del recibimiento previsto al monarca vaticano, que ante la manifestación de medievalismo que oscurecerá a la ciudad durante esas fechas, es preciso demostrar, precisamente ahora, nuestra firme postura de condena hacia la barbarie.

Para contactar: info@federacionatea.org
Página de la FIDA:
http://www.federacionatea.org
Página del EMF2006: http://www.emf2006.org/es/index.php

15.2.06

Islam


Marrakech, 30 de enero de 2006.

“Islam” significa, literalmente, “sumisión”. Sumisión al ídolo máximo y celoso de sí mismo, al “omnipotente” y “omnipresente” Aláh. Pero, también, y principalmente, sumisión a un código impositivo, a un conjunto de referencias transmitidas y de comportamientos heredados que constituyen la cárcel del creyente. Aquí, la norma no viene impuesta por una jerarquía, ni siquiera es necesario. Basta con la presión cultural, con la presencia totalitaria de la arquitectura, del urbanismo, de la geometría. El corazón del Islam reside en la promesa, en la justificación póstuma de la realidad. Desarraigar esta psicopatía sólo será posible con una transformación profunda de las mentalidades, derivada principalmente de una educación laica.

Tras el aparente caos de los zocos, subsiste una matemática y un ritmo, un sentido colectivo de la existencia. Los organismos aparecen como habitáculos de la ideología dominante, responden al unísono, se relacionan, se mezclan y se funden unos con otros como en un espejismo. El recorrido laberíntico de las callejuelas, la presencia ineludible de las especias, del estiércol, de la multitud, la práctica compulsiva del comercio y la negociación, el zumbido constante de las conversaciones públicas, no desdicen la persistente homogeneidad de esta civilización medieval.

Todo, aquí, responde a la necesidad de mantener férreamente unida a la Ummah, la comunidad de los crédulos. Verticalmente organizada, basada en relaciones de sometimiento y adulación, la sociedad musulmana eleva su monoteísmo al grado de normativa legal, de absoluta concordancia entre los cuerpos y los signos. La religión se incrusta en el individuo a través de la norma y de la etiqueta. Un acto tan simple como la alimentación se regula con la interdicción de utilizar la mano izquierda, con el tabú del cerdo y del alcohol. La amputación genital practicada en los niños integra a la víctima en el cuerpo social. La genuflexión diaria quintuplicada y la letanía de los almuecines construyen una atmósfera en la que la identidad desaparece, se desintegra, queda anulada en favor de la colectividad, se orienta simbólicamente en dirección a la piedra negra y la tumba de su profeta.

Quizá de ahí provenga parte del éxito de la expansión del Islam, de su condición de posibilidad para una integración radical del individuo en un organismo más vasto, más vectorial y concreto. La autoridad ya ni se impone, está interiormente asumida. El musulmán ortodoxo no es racista, pero desprecia hondamente al extranjero, al “bárbaro” no sometido, al idólatra y al ateo. Su entendimiento es visceral, corresponde a un sentimiento cardíaco, se protege contra la intromisión de la novedad.

Los valores “positivos” de este conglomerado ideológico son evidentes: la interiorización de la norma impide los grandes conflictos, la voluntad de Allah es el orden oculto que transpira tras cada acontecimiento. Nihil obstat, pues, para una ordenación sistemática de las vidas y de las conciencias. Se fomenta entonces que el pueblo sometido, encontrando una justificación y un consuelo a su desgracia en la normativa religiosa del Islam, reaccione unido contra el demonio occidental que osa burlarse de su Profeta, y se abstenga así de alzarse contra los responsables reales de su triste situación.

5.1.06

Forza, Cascioli !!!


Novedades en el caso Cascioli, autor del libro-denuncia "La favola di Cristo - Inconfutabile dimostrazione della non esistenza di Gesù".

Enrico Righi, cura de San Bonaventura a Bagnoregio, en la provincia de Viterbo (Italia), que fue denunciado por Luigi Cascioli por abuso de credulidad popular, comparecerá en audiencia el próximo 27 de enero. Cascioli acusa a la iglesia del delito de "sustitución de persona" y asegura que la figura de Jesús fue construida a partir de un cierto Juan de Gamala, un judío que se opuso a la ocupación romana en el siglo I en Palestina.

También señala que la iglesia es culpable del crimen de "abusar de la creencia popular" inculcando como hechos reales aquellos que "no son otra cosa que inventos".

La disputa surgió cuando el padre Righi denunció en una publicación de su parroquia los argumentos de Cascioli, quien decidió presentar una demanda ante la justicia. Un magistrado rechazó inicialmente ocuparse del caso, pero Cascioli apeló y un tribunal superior decidió que el caso era admisible.

Más info en
timesonline, BBC Mundo y FIDA

31.12.05

Perspectivas para el año entrante

Perspectivas de la Federación Internacional de Ateos para el año entrante (2759 a.u.c., 2006 e.v.):

A mí me parece que este año podemos promover la creación de un tribunal internacional para juzgar por crímenes contra la humanidad a los jerarcas cristícolas, y acabar así definitivamente con la influencia de la ICAR, dejándola reducida a una secta marginal con apenas influencia en algunas zonas subdesarrolladas o en proceso de modernización, de modo que podamos abordar sin muchas complicaciones la completa aniquilación de los monoteísmos supervivientes y la neutralización del expansionismo neoevangélico.

Ampliaremos la FIDA hacia los países más occidentalizados del Magreb, contando con la colaboración de los grupos laicistas y ateos de los países árabes, y financiando allí becas universitarias, seminarios y congresos, además de afrontar la publicación de varios estudios y libelos críticos hacia los fundamentos del islam, difundiendo la verdadera historia de la secta musulmana.

Simultáneamente, podemos fundar varias universidades ateas en buena parte de Europa y América, y trazar un programa de introducción de la FIDA en los países del ámbito asiático y africano. Introduciremos observadores en los parlamentos y solicitaremos un estatuto favorable en los organismos internacionales, con presencia de fideos en todos ellos.

También promoveremos la aniquilación del Estado Vaticano, proponiendo en el territorio antes ocupado por la secta la creación de un espacio libre internacional que albergue el futuro museo universal sobre la superstición, con multitud de foros internacionales, congresos ateos y científicos, espectáculos masivos y bacanales multitudinarias.

La FIDA podrá transformar los miles de iglesias vacías que quedarán en salas de concierto, espectáculos experimentales, escenarios para video-forum, conferencias, salas de fiesta, centros vecinales y sanitarios y academias y escuelas ateas.

Todo ello favorecerá de manera determinante la eclosión de una nueva época de las Luces, en la que la razón humana, la solidaridad y la libertad reduzcan a mero objeto de estudio las excrecencias religiosas que han dominado el planeta desde que las ideologías del abstractismo idealista accedieron a cuotas de poder.

Por todo lo anterior, me abrí hace un momento un buen reserva y seleccioné algunas de las flores más aromáticas de mi cosecha.

Feliz año nuevo, ateas y ateos del mundo...

27.12.05

La Web de la FIDA

La web de la Federación Internacional de Ateos ya está en marcha. El proyecto surge con dificultades, de modo que se necesitan voluntarios que reclamen, pero YA, la herencia de una Ilustración maldita, atea, materialista y combativa. Cuánto echo de menos al cura Meslier...

Incluyo aquí el texto de presentación.

"Quienes integramos la Federación Internacional de Ateos (FIDA) somos conscientes de la necesidad de una transformación de los modos de pensar, de un retorno definitivo de la razón que frene la expansión parasitaria del pensamiento mágico y de las creencias religiosas. Consideramos que el ser humano es un fin en sí mismo, y que su felicidad y su libertad comportan la desaparición de los ídolos metafísicos que le esclavizan. Nos declaramos racionalistas, y reclamamos una nueva época post-cristiana heredera de la gran tradición librepensadora, atea y materialista de Occidente. Rechazamos con rotundidad la existencia objetiva de causas y entidades transcendentes, y aspiramos a erradicar gradualmente las explicaciones sobrenaturales que promueven las religiones para comprender la realidad. Estamos convencidos de que las instituciones religiosas no son sino instrumentos de dominación y sometimiento, enemigas de la libertad y de la ciencia. Por todo ello, la FIDA combate a la religión bajo todas sus formas, y se constituye como un proyecto abierto, imaginativo, democrático, ambicioso e integrador. Conforme a sus ideas antireligiosas y racionalistas, esta federación lucha por la instauración de un medio social que se base en la libertad individual y que tenga como objetivo el desarrollo integral de cada ser humano".

Dudas

¿Es posible exponer argumentos racionales que se contrapongan a los argumentos teistas

Cuanto más pienso en el tema, más convencido estoy de que no es posible demostrar racionalmente la incoherencia del teísmo, de que no existen argumentos lógicos que definitivamente refuten el andamiaje de las creencias en lo sobrenatural. Tenemos los clásicos argumentos de san Anselmo, que se resisten por su propia naturaleza esquiva a ser destruidos: el cosmológico, el ontológico y el teleológico. Los filósofos y los teólogos se disputan la coherencia desde hace siglos, pero lo cierto es que la Iglesia sigue la política de hacer oídos sordos a todo cuanto se ha dicho al respecto desdeKant...

Cuando se trata de artículos de fe, hay que renunciar a toda esperanza. No es posible la argumentación.

Al tocar el problema del mal en la práctica, el dolor, la enfermedad, la muerte, se aborda uno de los aspectos más vulnerables del "abstractismo"religioso. De lo que deduzco que no será tan efectiva la refutación lógica como la utilización de argumentos que, en palabras de Schleichter, "podrían ser eficaces para la aceptación o rechazo individuales de un sistema de ideas". Este autor, analizando los componentes de una "argumentación subversiva", piensa que, no siendo posible refutar un edificio conceptual, el procedimiento crítico debe tender a "relajar tensiones" y a sugerir que"las cosas pueden verse de forma distinta". Al contemplar las consecuencias de una ideología, se muestra que muchas veces es posible sustituir milagros y mitos por explicaciones sencillas, y sobre todo descorrer el velo religioso que oculta la barbarie y la violencia.

En resumen, que la argumentación idónea frente al creyente, antes que adoptar un esquema de tipo "lo que crees es falso y no tiene sentido", debería consistir en algo así como "mira lo que realmente crees", es decir, en algo obsoleto, absurdo, aburrido, algo que terminará siendo olvidado...